EL AFECTO, se identifica con la emoción, pero
son términos distintos que claramente se relacionan. Mientras la emoción es una
respuesta individual interna que informa de las probabilidades de supervivencia que
ofrece una situación, el afecto es un proceso de interacción social entre dos o más
personas. Hoy por hoy la psicología tiende a afirmar que el afecto es una necesidad
básica, fundamental. De hecho, no hay ninguna duda que el desarrollo personal es
precario, incompleto, sin desarrollo emocional, afectivo.
Emociones básicas y emociones cognoscitivas superiores

- Básicas: Son aprendidas y forman parte de la configuración del cerebro humano. Esto se corrobora, por ejemplo, con los bebés ciegos de nacimiento, donde se observan las expresiones faciales típicas de estas emociones: sonrisas, muecas de dolor, etcétera.
- Cognoscitivas superiores: No son tan rápidas y automáticas como las emociones elementales ni están asociadas universalmente a una única expresión facial. El amor puede servir como ejemplo; aunque es posible el amor a primera vista, es relativamente infrecuente. Es más normal que el amor crezca de manera gradual a lo largo de varios días, semanas o incluso meses.
Las emociones como el amor, son descritas como emociones cognoscitivas
superiores, porque implican un procesamiento cortical mucho más intenso que las
emociones elementales.
Que las emociones cognoscitivas superiores sean más corticales que las
emociones básicas significa que están más expuestas a la influencia de los pensamientos
conscientes, lo que probablemente hace posible, a su vez, que las emociones
cognoscitivas superiores sean más susceptibles de variación cultural que las emociones
básicas o elementales
Otras emociones cognoscitivas superiores son la culpabilidad, la vergüenza,
el desconcierto, el orgullo, la envidia y los celos. Todas ellas son esencialmente sociales de
un modo en que no lo son las emociones elementales. Uno puede sentir miedo o asco
ante objetos inanimados y ante animales no humanos, pero la existencia del amor y del
sentimiento de culpa requiere de otras personas. Podemos sentirnos culpables por herir a
un animal y no faltan quienes se declaran enamorados de sus mascotas, pero es
improbable que el surgimiento de la culpabilidad y del amor responda a esos propósitos.
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